Tren Estelar

Cómo y desde dónde ver los satélites Starlink

El consejo para ver los satélites Starlink es siempre el mismo: vete al campo, huye de las luces de la ciudad. Suena sensato y está sin medir. Medido resulta que, para lo que casi todo el mundo quiere ver —un tren recién lanzado—, quedarte en tu barrio no te cuesta prácticamente nada.

Lo que sí te cuesta pasos es otra cosa, y es la que nadie menciona: tener un edificio delante. Esta página calcula los pasos, así que en vez de repetir el consejo lo hemos puesto a prueba con nuestros propios números.

La ciudad no te tapa el cielo: te sube el suelo

Una farola no borra un satélite. Lo que hace es iluminar el aire que tienes encima, y ese resplandor se convierte en el fondo contra el que tienes que distinguir cualquier cosa. Lo que se pierde no es el cielo entero: es todo lo que brille menos que ese fondo.

Eso se mide, y la forma habitual de hacerlo es la escala de Bortle, que va del 1 —un cielo virgen— al 9 —el centro de una ciudad grande—. Cada peldaño dice hasta qué brillo llega la vista sin ayuda:

Dónde estás Se ve hasta
Clase 5, extrarradio 5,6 – 6,0
Clase 6, extrarradio con luces 5,1 – 5,5
Clase 7, borde de la ciudad 4,6 – 5,0
Clase 8, ciudad 4,1 – 4,5
Clase 9, centro 4,0 o menos

Conviene recordar que la escala del brillo va al revés de lo que parece: cuanto más alto es el número, más débil es lo que se ve. Está contado con calma en qué es un tren de satélites Starlink.

El tope que usa esta web es 5,0: la clase 7, el borde de la ciudad. Es el número que impide que anunciemos pasos que solo se verían desde un observatorio. Para quien mira desde el centro de Madrid o de Ciudad de México es optimista, y eso es justo lo que hemos ido a medir.

Qué te cuesta quedarte en el centro

El 7 de septiembre de 2026, con los datos orbitales recién descargados de CelesTrak, calculamos los pasos de cinco noches sobre catorce ciudades de España y América. Salieron 88, y a cada uno le preguntamos si seguiría viéndose bajando el listón de 5,0 al de una ciudad (4,5) y al del centro de una ciudad (4,0):

Pasos Brillo típico Desde la ciudad Desde el centro
Trenes recién lanzados 35 2,3 34 31
Satélites ya desplegados 53 4,1 51 22

Léelo dos veces, porque es lo contrario de lo que dice el consejo de siempre:

Un tren aguanta el centro de una ciudad. Nueve de cada diez siguen estando por encima del listón más duro. Un brillo típico de 2,3 es del orden de las estrellas que forman el Carro: no se te van a esconder detrás de una farola.

Un satélite suelto no. Ahí sí que la ciudad se come más de la mitad. Y estos son nuestros propios cálculos, que además pecan de generosos: las medidas reales de Mallama y Cole en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society sitúan a los Starlink ya colocados aún más abajo. Si estás en una ciudad y lo que anuncia esta web es un satélite desplegado, no cuentes con verlo: sal a por los trenes.

El otro factor, y no es la oscuridad

Hay algo que estropea más pasos que las farolas, y casi nadie lo menciona: mirar bajo.

Cuando el satélite está justo encima, su luz atraviesa el mínimo de atmósfera posible. Cuanto más se acerca al horizonte, más aire tiene que cruzar, y el aire se come brillo. Tomando como unidad la atmósfera que hay mirando hacia arriba, esto es lo que atraviesas y lo que pierdes:

Altura sobre el horizonte Atmósfera atravesada Brillo perdido
90°, justo encima 1,0 0,00
45° 1,4 0,10
30° 2,0 0,25
20° 2,9 0,48
15° 3,8 0,70
10° 5,6 1,15

A diez grados —un palmo largo por encima del horizonte, con el brazo estirado— atraviesas casi seis veces más aire que mirando arriba y pierdes más de un peldaño entero de brillo. Por eso esta web no anuncia nada por debajo de esa altura: a ras de suelo hay casas, montes y muchísimo más aire delante.

Y tiene una consecuencia que se ve en los datos: de los 88 pasos de arriba, ninguno culminaba por debajo de 26°. No es que los hayamos quitado a mano; es que un paso rasante pierde tanto brillo que no llega a superar la comprobación, y desaparece solo.

O sea que el sitio importa más por lo que te tapa que por lo oscuro que esté. Un edificio delante te quita pasos enteros; el resplandor de la ciudad, solo los más débiles.

Entonces, desde dónde miro

  • No hace falta coger el coche. Para un tren, una calle ancha, una plaza o una azotea de tu propio barrio valen.
  • Lo que sí hace falta es horizonte abierto en la dirección que te diga la previsión. Si te asomas al norte y el satélite entra por el suroeste, no hay nada que hacer.
  • Quítate las farolas de la cara, no del barrio. Una luz de frente es peor que todo el resplandor de la ciudad junto: la sustancia con la que el ojo ve de noche se deshace de golpe con un destello y tarda un buen rato en rehacerse, según explica Webvision, de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos. Ponte de espaldas a la luz o busca la sombra de un edificio.
  • Dale veinte minutos a los ojos. En cinco ya tienes casi toda la visión de día; la de noche, la que distingue lo débil, sigue mejorando durante veinte o treinta. Cuando esta web te dice que salgas cinco minutos antes es para que no te pierdas el principio: es el mínimo, no el óptimo.
  • Y mira el parte. Estos satélites vuelan muy por encima de las nubes: si está cubierto, no hay técnica que valga.

Todo esto vale para cualquier noche del año. Lo que cambia cada día es a qué hora, y eso depende de la latitud y de la época: está en a qué hora se ven los satélites.

Y si quieres saltarte la teoría y que te digan la hora, la dirección y el brillo de esta noche en tu ciudad, para eso está la lista de ciudades.

← Todas las entradas Ver cuándo pasan por tu ciudad