Tren Estelar

A qué hora se ven los satélites, y por qué no a medianoche

Hay una idea razonable y equivocada: que para ver satélites lo mejor es esperar a que sea noche cerrada, lejos de las luces y con el cielo bien negro. Pues no. A las dos de la madrugada no se ve casi ninguno, y a las diez de la noche de un martes cualquiera pueden estar cruzando docenas.

La explicación no tiene nada que ver con la contaminación lumínica ni con las nubes. Es geometría, y una vez que la entiendes ya sabes a qué hora salir el resto de tu vida.

Un satélite no tiene luz propia

Es lo primero, y de ahí sale todo lo demás. Un satélite no ilumina: refleja el Sol, igual que la Luna. Lo que ves cruzando el cielo es luz solar que ha rebotado en unos paneles a cientos de kilómetros de altura.

Así que hacen falta dos cosas a la vez, y son contradictorias entre sí, como resume Astroafición:

  1. Que abajo sea de noche, o el resplandor del cielo se lo traga.
  2. Que arriba todavía sea de día, o el satélite no tiene nada que reflejar.

Ese «abajo de noche y arriba de día» solo ocurre en dos ratos: después de que se ponga el Sol y antes de que salga. En medio, nada.

La sombra de la Tierra es un cono, y tú estás dentro

La Tierra proyecta hacia atrás un cono de sombra de casi un millón y medio de kilómetros de largo. Cuando anochece, tú entras en ese cono. Los satélites, que están mucho más arriba, siguen fuera un rato más: por eso los ves brillar mientras a ti ya se te ha hecho de noche.

Pero a medida que avanza la noche, el cono va subiendo por el cielo y se los va tragando. Y ahí hay un número que lo explica todo. Un satélite justo encima de tu cabeza deja de recibir el Sol cuando este está a esta profundidad por debajo de tu horizonte:

Altura del satélite Se apaga con el Sol a
344 km (un lote recién lanzado) 18,4°
471 km (la mayoría de los Starlink de hoy) 21,4°
550 km (los más antiguos) 23,0°

Sale de trigonometría de instituto: el ángulo es el arcocoseno del radio de la Tierra dividido entre el radio más la altura del satélite.

Y aquí está la clave: en una noche normal el Sol baja mucho más de 21°. En Madrid, en el equinoccio, llega a estar a casi 50° por debajo del horizonte. A esa hora no hay ni un satélite iluminado sobre tu cabeza. Están todos a oscuras, cruzando el cielo sin que puedas verlos.

Fíjate además en que cuanto más bajo vuela un satélite, antes se apaga. Los trenes recién lanzados, que son los más espectaculares, tienen la ventana más estrecha de todos.

El cielo no se apaga de golpe: hay tres crepúsculos

La otra mitad del problema es que «ser de noche» no es un interruptor. El Observatorio Astronómico Nacional distingue tres tramos según lo bajo que esté el Sol:

  • Crepúsculo civil, hasta los 6°. Todavía se lee un periódico en la calle. Solo destacan Venus y poco más.
  • Crepúsculo náutico, de 6° a 12°. Salen las estrellas brillantes y aún se distingue el horizonte del mar.
  • Crepúsculo astronómico, de 12° a 18°. A partir de ahí es noche cerrada de verdad.

Junta las dos cosas y tienes la respuesta completa. La ventana buena empieza cuando el Sol pasa de unos 6° —antes el cielo está demasiado claro— y termina cuando pasa de unos 21°, que es cuando la sombra alcanza a los satélites. Son unos quince grados de margen, y lo que tarda el Sol en recorrerlos es exactamente el rato que tienes para mirar.

Por eso importa dónde vives

Y aquí viene lo que casi nadie cuenta. El Sol no baja igual de deprisa en todas partes: cuanto más cerca del ecuador, más vertical cae, y cuanto más al norte o al sur, más de refilón. Eso cambia la duración de la ventana.

Estas son las horas de crepúsculo que tiene una noche en cuatro sitios, sumando el rato del anochecer y el del amanecer. Son efemérides, las puede comprobar cualquiera:

Solsticio de junio Equinoccio Solsticio de diciembre
Bilbao (43° N) 3,5 h 2,3 h 2,4 h
Madrid (40° N) 3,1 h 2,1 h 2,2 h
Almería (37° N) 2,7 h 2,0 h 2,1 h
Quito (0°) 1,7 h 1,6 h 1,8 h

Dos cosas saltan a la vista:

En verano el norte gana, y por mucho. En el solsticio de junio, Bilbao tiene casi una hora más de ventana que Almería. Cuanto más al norte, más se alarga el crepúsculo, porque el Sol se hunde de refilón en vez de caer a plomo.

En el ecuador la ventana es la más corta del mundo, pero es la misma los 365 días del año. En Quito anochece de golpe y en hora y media se acabó. A cambio, ahí no existen las malas épocas: en diciembre se ve lo mismo que en junio.

Y en verano, cuanto más al norte, peor para los astrónomos

Llevado al extremo, esto deja de ser una curiosidad. Un trabajo de Samantha Lawler, Aaron Boley y Hanno Rein publicado en The Astronomical Journal calculó cómo quedará el cielo con las constelaciones de satélites previstas, y la conclusión está en el propio título: las latitudes cercanas a los 50° —norte y sur— son las que peor lo van a pasar.

Ahí, cerca del solsticio de verano, el Sol nunca baja lo suficiente y los satélites siguen iluminados toda la noche, sin el respiro de la sombra. Sus cuentas dicen que en las dos horas que rodean al anochecer y al amanecer, uno de cada catorce puntos de luz del cielo será en realidad un satélite; y que a medianoche, cuando en cualquier otro sitio no quedaría ninguno, la proporción apenas baja.

A 40° —la latitud de Madrid, y también la de Nueva York o Pekín— el efecto existe pero se desinfla mucho más rápido según avanza la noche. Y desde el ecuador, dicen los mismos autores, no hay ni un satélite iluminado a medianoche en ninguna época del año: la sombra de la Tierra cae siempre encima.

Y ojo, que en el hemisferio sur todo esto va al revés: los meses malos de Madrid son los buenos de Santiago o Buenos Aires.

Resumiendo, para la próxima vez que salgas

  • Las dos primeras horas después de que anochezca, y las dos anteriores al amanecer. Fuera de ahí, no pierdas el tiempo.
  • El verano es mejor que el invierno, y la diferencia crece cuanto más al norte o más al sur estés.
  • Cuanto más al norte vivas, más larga es la ventana en verano. Lo que en Almería dura dos horas y media, en Bilbao dura tres y media.
  • Cerca del ecuador la ventana es corta pero constante. Cualquier noche del año sirve igual.
  • Deja veinte minutos para que los ojos se acostumbren. Quien sale y mira de inmediato se pierde la mitad de lo que hay.

Y si quieres saltarte todo esto y que te digan la hora exacta de tu ciudad, para eso está la lista de ciudades.

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