Tren de satélites Starlink: qué es y por qué van en fila
Si alguna vez has visto una hilera de puntos de luz cruzando el cielo en silencio, todos a la misma velocidad y sin parpadear, no era una formación de aviones ni un ovni: era un tren de satélites Starlink. Es lo que se ve durante los primeros días después de un lanzamiento, mientras el lote entero sigue viajando junto.
Esta página se dedica a calcular cuándo pasan esos trenes. Así que en lugar de contarlo de oídas, lo vamos a contar con los datos orbitales que descargamos cada tres horas.
Por qué van en fila
Porque salen así. El cohete suelta el lote entero prácticamente en el mismo punto, a la misma velocidad y en la misma órbita, y a partir de ahí los satélites tardan semanas en separarse. Mientras tanto van uno detrás de otro, como las cuentas de un collar.
El 1 de septiembre de 2026 descargamos los datos de los 10.727 satélites Starlink que publica CelesTrak. El lote más reciente iba entero a 344 kilómetros de altura, y entre el satélite más alto y el más bajo de los veinticuatro había 200 metros. Doscientos metros de diferencia en algo que da la vuelta a la Tierra en hora y media: por eso se ve como una fila y no como un puñado de puntos sueltos.
Cuánto dura la fila
Poco. Días, no meses. Cada satélite enciende su propulsor y sube hasta su altura definitiva, y ahí se reparte a lo largo de la órbita para cubrir su trozo de planeta. Cuando eso termina, los mismos satélites siguen ahí arriba, pero ya no forman una fila.
Y no suben todos a la vez, que es la parte que casi nunca se cuenta. En ese mismo juego de datos había un lote a medio camino: veintitrés de sus veinticuatro satélites ya estaban a 466 kilómetros y el que quedaba seguía a 344, esperando su turno. Y otro lote anterior iba igual, con dos rezagados en vez de uno. La formación no se rompe de golpe, se deshace por goteo.
Un detalle curioso: los datos orbitales no dicen cuándo se lanzó nada. No traen la fecha. Que un lote sea reciente se deduce de cómo se comporta —va bajo y va junto—, no de un calendario.
A qué altura están, de verdad
En casi todas partes se lee que los Starlink están a 550 kilómetros. Eso fue verdad y ha dejado de serlo.
De los 10.727 que medimos, la altura de en medio es de 471 kilómetros, ocho de cada diez están entre 450 y 500, y solo unos 500 —un 5 % del total— siguen por encima de 550. Esos son los veteranos de los primeros años.
No es una rareza nuestra: el trabajo de Mallama y Cole publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society en septiembre de 2025 ya clasifica los Starlink actuales en grupos a 350, 450, 485 y 550 kilómetros.
Y esto no es un detalle de coleccionista, porque cuanto más bajo va un satélite, más brilla y más deprisa cruza el cielo. La constelación de hoy se ve mejor que la de hace cinco años.
| Altura | Qué se ve | |
|---|---|---|
| Un tren recién soltado | unos 344 km | Una fila de puntos, a simple vista y sin esfuerzo |
| La constelación ya colocada | unos 471 km | Puntos sueltos, y con dificultad |
| Los satélites más antiguos | 550 km o más | Casi nada desde una ciudad |
Por qué un tren brilla y un satélite colocado no
Por dos motivos que se suman. El primero es la distancia: a 344 kilómetros está un tercio más cerca que a 471, y la luz cae muy deprisa con la distancia. El segundo es la postura: recién soltados van planos, con toda la superficie mirando al Sol, y reflejan muchísimo más que cuando se despliegan y se ponen de canto.
La diferencia es enorme en la práctica. Los astrónomos miden el brillo con una escala en la que cuanto más alto es el número, menos se ve: las estrellas más débiles que distingue un ojo bueno en un cielo virgen andan por el 6, y desde una ciudad con farolas no se suele pasar del 5.
En ese trabajo de Mallama y Cole, los Starlink ya colocados a 450 kilómetros miden 5,97 y los de 550, 6,36. Es decir: un satélite Starlink ya desplegado es, desde una ciudad, invisible. Lo que la gente ve y fotografía y sube a las redes es casi siempre un tren recién lanzado.
Cómo saber que es eso y no un avión
- No parpadea. Un avión lleva luces intermitentes, rojas y verdes. Un satélite es un punto blanco fijo.
- No hace ruido.
- Van igual de separados entre sí y todos a la misma velocidad.
- Puede apagarse a mitad del cielo. Esta es la más llamativa, y no falla: el satélite no tiene luz propia, solo refleja la del Sol. Cuando entra en la sombra de la Tierra se apaga en unos segundos, sin llegar al horizonte.
Por qué algunas noches no se ve ninguno
Porque no basta con que pase uno por encima. Hacen falta tres cosas, y se tienen que dar a la vez:
- Que pase un tren por encima de donde estás.
- Que abajo sea de noche, pero arriba todavía le dé el Sol al satélite. Eso solo ocurre en un rato después del anochecer y en otro antes del amanecer.
- Que el satélite brille más que el cielo que tiene detrás. Al final del crepúsculo el cielo aún está claro y se traga cualquier cosa que no sea muy brillante.
Fallando una sola de las tres, no hay nada que ver. Por eso «hay un satélite pasando» y «se puede ver un satélite» no son lo mismo, y por eso aquí solo anunciamos los pasos que cumplen las tres.
Si quieres saber cuándo se dan en tu ciudad, están calculadas para cinco días en la lista de ciudades.
Lo que esto le hace a la astronomía
Conviene decirlo, porque es la otra cara. La Unión Astronómica Internacional pide que un satélite no pase de brillo 7 para no estropear las observaciones profesionales, y de 6 para no notarse a simple vista. Ninguna de las cifras de arriba llega a eso.
SpaceX ha ido probando remedios: primero unas viseras, que retiró porque tapaban los enlaces láser entre satélites, y después una película reflectante que devuelve la luz del Sol hacia arriba en vez de hacia nosotros. Han funcionado a medias, y en parte se las come el haber bajado la constelación. Hay un acuerdo con la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos para seguir en ello.
Las dos cosas son verdad a la vez: ver pasar un tren es un espectáculo, y once mil satélites reflejando el Sol son un problema real para quien mira el cielo en serio.